LAGO TITICACA: PUNO Y LA ISLA DEL SOL EN BOLIVIA

DIAS 9, 10 y 11 del VIAJE

Otro de los grandes hitos del viaje a Perú era visitar el mítico lago Titicaca. Este lago está a 3.800 metros de altitud y se divide entre los territorios de Perú y Bolivia y es el lago navegable más alto del mundo. Tiene un área de 8.500 kilómetros cuadrados, una profundidad de 227 metros  y 1125 kilómetros de costa. Su principal actividad económica es la pesca y, ahora, también el turismo. Es mítico para la cultura Inca, la leyenda dice que el Inca surgió de la Isla del Sol.

En principio nuestro propósito era desde Puno visitar las Isla Flotante de Uros y la de Taquile e incluso la de Amantaní. Pero consejos de otros viajeros que nos cruzamos en el camino nos recomendaron encarecidamente visitar la isla del sol por dos razones: la belleza de la misma y la saturación turística de Uros y Taquile.  Así que nos decidimos por ir a esta isla y quizás, con una poca suerte, hacer una visita rápida a Uros y Taquile si el tiempo nos lo permitía, a la vuelta.

Las islas flotantes de los Uros son artificiales. Están hechas de raíces de totora entrelazadas. La Totora es una planta acuática que se encuentra en el lago, los Uros se desplazan también en barco hechos con esta planta. Los habitantes de estas Islas hablaban un idioma llamado Puquina, hoy el Aimara se ha impuesto. En Taquile no hay coches ni hoteles, si quieres pernotar en la misma lo puedes hacer con una familia local. El alojamiento se puede buscar por una agencia o simplemente acercándote al embarcadero de Puno y contactando directamente con los barqueros de Taquile. Tanto a las Islas de los Uros, como a Taquile o Amantaní se puede llegar contratando el viaje directamente con los barqueros que están en el embarcadero de Puno.

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Catedral de Puno en la Plaza de Armas

Llegamos a Puno casi anocheciendo. Llegar a un sitio de noche siempre supone un pequeño inconveniente, con luz las cosas se ven desde otro punto de vista, pero al llegar directamente a la Plaza de Armas la entrada en esta ciudad no fue nada traumática y en seguida nos situamos.  Puno es considerada  la capital folklórica del Perú, se dice que tiene más de 350 danzas. De hecho nos encontramos grupos folclóricos de Puno hasta en Lima. El clima es frio y seco. En el mes de junio, que es en el que estuvimos, a la noche la temperatura rondaba los cero grados o menos, por lo que a la noche tuvimos que salir bastante abrigados.  Habíamos oído  que Puno era feo. La verdad es que a nosotros no nos pareció tan feo y estuvimos a gusto en Puno, aunque solo pasamos ratos entre viaje y viaje.

Tras pegarnos una ducha rápida fuimos a cenar al restaurante Mojsa en la misma plaza de armas, donde nos atendieron muy bien, fueron rápidos y amables a pesar de que estaba bastante lleno. Allí  cenamos estupendamente, aunque no pudimos disfrutar mucho de la cena porque estábamos agotados ya que  ese día en Chivay habíamos madrugado mucho y pasamos todo el día viendo cóndores y viajando.

En Puno nos alojamos en el hotel Casona Plaza en  donde nos dieron una habitación extra grande para poder expandirnos a gusto, tras estar en sitios más pequeños y básicos unos días se agradecíamos  un poco de comodidad.  El hotel estaba muy bien y se portaron de cine, pues les dijimos que si nos  podían dar la misma habitación a la vuelta de nuestro viaje a la Isla del Sol y nos la reservaron sin problemas y al mismo precio.

A la mañana siguiente, como  el día anterior ya nos habíamos enterado que no teníamos autobús hasta el mediodía,  aprovechamos para pasear despacito, por el tema de la altura, y conocer un poco Puno, aparte de poder acercarnos al lago, al que ya teníamos unas ganas terribles de ver.

En la calle Jr. Lima, que da a la plaza de armas, se encuentran bares, restaurantes y agencias donde poder contratar excursiones. Nosotros buscamos un autobús que nos dejara en Copacabana en Bolivia que es la ciudad de partida para visitar la Isla del Sol y  encontramos uno que salía a las 14 horas. Muchas veces ocurre que en otros países a pesar de hablar el mismo idioma no te entiendes por cuestión de mentalidad o de formas de pensar, la cosa es que el día anterior entendimos que había varios autobuses que hacían este recorrido, pero en ese día en la misma agencia nos dijeron que solo había uno que salía hacia Copacabana. En estas ocasiones siempre nos miramos y nos entra la risa tonta, porque no sabemos, como ya decimos por la mentalidad, por nuestro cansancio o porqué nos ocurre en casi todos los viajes.

Como decimos empezamos a vagar un poco sin rumbo,  ya que queríamos ver el Titicaca, pero no teníamos prisa y así llegamos al parque Pino, donde se encuentra la Iglesia de San Juan, y de ahí tiramos por la calle Oquendo hacia el Titicaca. Durante el paseo pudimos apreciar la vida diaria de los habitantes de Puno, sus compras, sus negocios, etc. Llegamos a la zona de la Plaza del Faro donde hay restaurantes y tiendas de recuerdos, etc… y de donde se pueden contratar el transporte hacia Uros, Taquile y Amantaní.  Cuando llegas allí hay mucha gente que te ofrece transporte y precios. Los precios que figuraban en un cartel allí mismo eran para visitar Uros 10 soles viaje y 5 tasa de ingreso para los extranjeros, o sea no llega a cuatro euros. La primera visión del Titicaca no fue muy buena, ya que la zona del puerto está un poco degradada y el lago no se ve muy limpio (el Titicaca tiene un problema importante de contaminación y así lo atestiguan muchas organizaciones que velan por su recuperación), pero a nosotros nos hizo ilusión verlo.

Después tomamos por un sol un taxi-motocarro,  para volver hasta la Plaza de Armas, pues hay una buena tiradilla hasta allí. Cerca almorzamos en una cevichería,  que estaba llena de gente local. Cometimos el error de no pedir el “menú del día”  ya que si pides otra cosa de la carta se retrasan bastante, porque que lo que tienen listo para sacar son los componentes del “menú”. Así que si tenéis prisa os recomendamos no pedir nada de la carta y pedir “el menú del día” que además sale más económico,  sobre 7 u 8 soles de media.

COPACABANA y LA ISLA DEL SOL

Tras la comida,  fuimos a la estación de autobuses donde teníamos a las 14 horas la salida del autobús para Copacabana en Bolivia. El viaje nos costó 25 soles  y se tarda como tres horas. Aunque anduvimos un poco perdidos por la estación al final encontramos nuestro autobús y el autobusero inmediatamente nos dio un formulario de inmigración de Bolivia, que hay que rellenar  -¡no  te olvides de llevar bolígrafo!

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Frontera Perú-Bolivia en Kasani

Cuando se llega a Kasani –frontera de Bolivia-, hay que bajarse del autobús,  pasar por inmigración de Perú para darte la salida, luego te das un paseíto de  unos 200 metros hasta inmigración de Bolivia para darte la entrada y  ¡vuelta al autobús a seguir disfrutando del viaje!  El viaje en verdad se hace muy agradable, son tres horitas en el que se bordea el lago y puedes ir observando los pueblos de la orilla e incluso ¡vimos un cóndor! El trámite en la frontera es rápido siempre que no haya problemas con alguien.  Una pareja colombiana se tuvo que quedar allí porque tenían problemas para entrar en Bolivia –no sabemos por qué- y nos retrasó un rato el viaje. La frontera está cerca de la ciudad de destino Copacabana. También hay que tener en cuenta que entre Perú y Bolivia hay una diferencia horaria de una hora. En Bolivia es una hora más.

Debido al retraso  llegamos de noche a Copacabana -¡parece que nos gusta llegar de noche a los sitios!- y aquí nos pegamos el capricho del viaje y nos alojamos en el hotel Rosario– Lago Titicaca, con unas bellísimas vistas al lago y calentito, calentito… ¡con el frio que hace fuera! , aunque se nos salía un poco del presupuesto las vistas del lago desde la habitación –e incluso desde la bañera- merecieron la pena.

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El lago Titcaca desde Copacabana (Bolivia)

Con Copacabana nos pasó un poco al revés que con Puno, pues habíamos oído que era bonita y nos decepcionó un poco. También es verdad que no pudimos disfrutarla mucho, pues llegamos de noche y a la vuelta de la Isla del Sol tuvimos tiempo justo para comer algo e irnos. Además, al llegar de noche,  no pudimos subir al Cerro Calvario desde donde dicen que hay unas buenas vistas del lago, pero debido a la altura a que está Copacabana (unos 3.800 metros) hay que tomarse su tiempo para ascender al cerro. Nosotros tomamos una cerveza  Paceña  y picamos unos nachos en el bar de un argentino con raíces vascas con el que charlamos un rato. Es en la calle 6 de agosto es donde están situados la mayoría de los bares, restaurantes y agencias de viajes.

También aprovechamos para enterarnos del precio y de los horarios de los botes para ir a la Isla del Sol. Los barcos salen a las 8,30 a.m. y cuestan 20 bolivarianos el viaje de ida.  El viaje dura una hora y media aproximadamente. Hay excursiones de un día que salen desde Copacabana y visitan la Isla del Sol y la Isla de la Luna, que es una isla pequeñita que se encuentra junto a la del Sol, aunque la excursión no merece la pena porque  el tiempo que dedican a ver la Isla del Sol es escaso.

Nosotros íbamos a la Isla del Sol con gran ilusión, porque aparte de las vistas, la isla es mítica ya que la leyenda dice que de la Isla del Sol   surgió el primer Inca.  Al parecer el dios Inti (sol) no le gustaban como estaban las cosas por la tierra y decidió tener dos hijos para enseñar a la gente los rudimentos de la civilización y, así, nacieron en esta isla sus dos hijos Manco Capac y Mama Ocllo. Como Inti vio que eso funcionaba les indicó que buscaran un lugar fértil y por ello se desplazaron hacia la zona donde un par de siglos después se establecería la ciudad de Cusco, centro del imperio Inca o Quechua.

El lío de las comunidades de la Isla del Sol

La isla del sol se encuentra dividida en varias comunidades. Cada comunidad tiene su propia escuela donde enseñan su idioma y sus costumbres. En abril de 2017 se produjo un conflicto entre las comunidades Challapampa y Challa. Los de Challa denunciaron a los de Challapampa acusándoles de haber destrozado dos de las cinco cabañas ecológicas que habían construido para albergar a los turistas, bloqueando el camino a la zona norte.  Después de Yumani, Challapampa es la segunda comunidad con infraestructura turística en la Isla del Sol.  El pueblo está a más de tres horas de caminata desde Yumani por el camino precolombino que atraviesa los cerros de  Challa llenos de eucaliptos. Antes del bloqueo el ingreso  por lancha era desde Copacabana o desde Yampupata. Ahora todas las rutas  se han cortado. El conflicto cuando estuvimos nosotros en Junio se había enquistado y las embarcaciones solo llegaban hasta el sur y solo se podía visitar esta zona. El camino que va hacia el norte estaba cortado por la comunidad y no dejaban pasar.  Hubo gente que pasó campo a través, pero nosotros no nos quisimos meter en un lío. Aun así la Isla del Sol nos encantó.

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El lago Titicaca y los Andes desde la Isla del Sol en Bolivia

A la llegada a la Isla del Sol por el puerto sur te recibe la comunidad Yumani y en el mismo embarcadero te cobra una tasa de entrada a la isla, pero no es mucho,  son unos pocos bolivarianos.  Desde el puerto hay que ir subiendo poco a poco (recordad que estamos a unos 3.800 metros de altura) hacia el pueblo. En el puerto hay algún sitio para hospedarse pero no es aconsejable pues toda la vida se encuentra arriba. Nuestro hospedaje – el Hostal Wara Uta– se encontraba arriba del todo y aunque según subíamos maldecimos nuestra suerte, al final resultó mejor pues arriba se encuentran los lugares para ver paisajes y la mayoría de hospedajes y restaurantes.  Aunque el pueblo se desarrolla en cuesta, la parte de arriba es llana y puedes pasear viendo las casas de los isleños con el forraje para los animales, burritos, alpacas etc. De hecho puedes alquilar un burrito para que te suba la maleta desde el puerto. Esta parte es muy rural con los lugareños haciendo su vida y saludándote, aunque parece que son un poco tímidos. Su idioma materno es el aimara –no el español- y se les nota un acento muy especial a la hora de hablar español. Las casas y locales de hostelería son de piedra y estos últimos tienen amplios ventanales que te permiten admirar la belleza del lago.

De esta parte salen las sendas, rodeadas de estas casitas, por donde se accede a los lugares con las vistas más bonitas, donde llegas dando un agradable paseo, con unas cuestas que no son muy pronunciadas, siempre teniendo en cuenta la altitud a la que te encuentras.

Así que en cuanto nos instalamos y descansamos un momento de la subida con un mate de coca que nos ofrecieron, nos dispusimos a subir al cerro Pallai Khasa a 4.060 metros de altitud.

Poco a poco y bebiendo mucha agua fuimos subiendo, sacando muchas fotos y disfrutando del increíble paisaje del Lago Titicaca con los Andes al fondo y la Isla de la Luna al otro lado.  También se divisaban las terrazas escalonadas de los pobladores incas y el lado sur de la isla. Había poca gente, la poca que había, estaba como nosotros en plan contemplativo y se respiraba mucha paz y tranquilidad. Esa mañana fue de las mejores que pasamos en nuestro viaje a Perú.

Estuvimos un buen rato sentados, acompañados de tres o cuatro viajeros como nosotros,  en lo alto disfrutando de la soledad y el paisaje, y en la bajada  nos paramos en un restaurante donde, aprovechando que el sol había salido, comimos en el exterior una deliciosa sopa de quinua y una cervecita, con unas grandiosas vistas de la isla del lago y de la Isla de la Luna.

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Sopa de Quinua y cervecita con la Isla de la Luna al fondo

Después de comer descansamos un rato y  dimos una vuelta por el pueblo. En ese punto la altura ya nos afectó un poco por lo que tuvimos que parar, sentarnos un rato y descansar, pero en seguida, pues no queríamos perder la oportunidad de explorar la isla y sus paisajes, llegamos a otro mirador del lado norte de la Isla en el cerro Kheñwani, pero no tuvimos paciencia para esperar al atardecer, y decidimos bajar hasta el restaurante más alto de la Isla a 4.100 metros –Las Velas- y allí sí que vimos el atardecer con el imprescindible mate de cocaa al que medio nos invitó la señora del bar, porque teníamos –en ese momento- muy pocos bolivarianos.  Desde ahí tras ver el atardecer, nos retiramos a un bar del pueblo porque empezó a enfriar bastante cuando se metió el sol , allí nos tomamos un vinito y un té, departiendo con los lugareños y con una pareja alemana, que eran los únicos clientes del bar.

Como  el restaurante “Las Velas” nos había llamado la atención por la carta y como anunciaba un “Gourmet Chef” decidimos cenar ahí. El restaurante tenía cuatro o cinco mesas y no disponía de luz eléctrica (de ahí lo de “Las Velas”).Había  tres parejas para cenar y en seguida nos recibió el simpático chef, con un gran parecido al presidente Evo Morales, que nos invitó a servirnos nosotros mismos el vino, que estaba en una mesa aparte, pues nos advirtió que se tardaba en preparar la comida (¡de hecho lo advertía en la carta!). De repente apareció una turista australiana –por la cocina- y el chef nos preguntó si sabíamos inglés, al contestarle que nos defendíamos nos preguntó si no nos importaría que la australiana se sentara con nosotros para que la espera no se le hiciera muy larga, así que se sentó con nosotros y pasamos una agradable velada, a la luz de las velas, practicando inglés y disfrutando de unos sabrosos platos de trucha, que es la comida típica de la zona del lago. Al salir el Chef nos dio muchas indicaciones sobre las miles de estrellas que se veían en el cielo del Titicaca.

La noche en el hotel no fue tan terrible como pensábamos, ya que no tenía calefacción, pero la cama estaba  bien pertrechada de mantas y la pasamos bastante bien, aunque a la mañana siguiente hacía bastante frío y costaba salir de debajo de todas aquellas mantas.  Tras el desayuno, bajamos hacia el puerto y esperamos a la salida del barco a las diez de la mañana.  Para volver no hay barcos privados, solo el público, así que iba bastante lleno. El precio en esta ocasión fueron 25 bolivarianos. El barco iba llenísimo, con gente sentada hasta en proa,  daba un poco miedo tal como iba, pero el lago estaba tranquilo e hicimos una singladura tranquila sin ningún incidente.

 

La Isla del  Sol, a pesar de que no pudimos ir a la parte norte, nos encantó. La gente es sencilla, amable y el desarrollo turístico no era exagerado y el paisaje es increíble.  Aunque en la comunidad Yumani, que fue la que pudimos visitar, estaban construyendo hoteles y restaurantes a doquier,  nosotros pudimos  recorrerla tranquilamente, cruzándonos con muy poca gente. Cuando se arregle el problema de las comunidades y se pueda visitar toda la isla merece la pena quedarse un par o tres días, nunca te cansabas de admirar el paisaje.

Cuando llegamos a Copacabana, gastamos nuestros últimos bolivarianos con un bocadillo y algo para beber y para el viaje. Y tomamos el autobús a las 13.30 pm ( las 12.30 en Perú) hacia Puno que nos costó 30 bolivarianos y que aunque más barato que el de la ida curiosamente era mucho mejor.

Teníamos la esperanza de llegar a Puno antes de las cuatro de la tarde y poder coger el último bote, que salía a las 4p.m, para visitar las Islas de los Uros y Taquile y volver a dormir a Puno, pero, desgraciadamente, el paso de la frontera nos volvió a retrasar y no pudimos hacerlo, por lo que una vez más llegamos al atardecer y solo nos dio tiempo para ir tomar algo e irnos a cenar.

Así que en la calle Jirón Lima nº 302 descubrimos el Pacha Mixology Cofee Bar donde ponen unos cócteles increíbles y aunque nosotros solo tomamos un pisco sour (hay que tener cuidado con el alcohol por el mal de altura) nos quedamos con ganas, pues el nivel de coctelería que tenían no se encuentra fácilmente ni en grandes ciudades de Europa.

En esta ocasión nos acercamos hasta el restaurante “La Table del  Inca”, cerca de la Plaza de Armas,  porque vimos que tenía buenas críticas en internet, pero no quedamos satisfechos ya que la carta era escasa, así como las raciones, pero no el precio. La comida no estaba mal pero era una especie de adaptación de platos peruanos con toque francés que era un poco pretencioso.

Tras dormir como troncos y desayunar en el hotel, fuimos en taxi hasta la estación de autobuses (4 soles) y nos montamos en el autobús rumbo a Cusco

 

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