EL CAÑON DEL COLCA Y EL VUELO DEL CONDOR

DIAS 7 Y 8 DEL VIAJE

Para nuestra etapa en el Cañón del Colca  contratamos en una agencia de viajes de la Plaza de Armas de Arequipa el tour de dos días ya que nos pareció lo más rápido y  fácil,  además de volver directamente desde el Colca a Puno sin pasar por Arequipa.

Se puede ir por libre a Chivay o Yanke en autobús público y de allí coger otro autobús al mirador del Colca para ver los cóndores o bien para hacer trekking, Lo malo de contratar un tour organizado es que suele haber mosqueos con la agencia, en este caso sobre todo en la elección del “hotel”. A la hora de escoger un tour al Colca se pueden optar  por uno, dos o tres días. Nosotros optamos por el de dos días que consistía:

  • Primer día: Arequipa-Reserva nacional de Salinas y Aguada Blanca-Chivay  (termas de La Calera)
  • Segundo día: Chivay-Yanque-Mirador del Colca -autobús a Puno

Así que tempranito sobre las ocho de la mañana el autobús nos recogió en nuestro hotel de Arequipa –Hotel Tierra Sur- , era una Van en la que íbamos nosotros y el resto eran turistas peruanos, tras hacer el “recojo” por distintos hoteles de Arequipa nos dirigimos hacia el Colca.

Por el camino, en la salida de Arequipa, paramos a comprar caramelos de coca, que están muy buenos,  un ratito para ver nuestras primeras alpacas, guanacos y vicuñas  en la Reserva Nacional de Salinas y Aguada Blanca, donde sacamos alguna foto. Paramos también a tomar un triple mate de coca en las inmediaciones de Cañahuas, donde vendían jerséis y gorros de alpaca a muy buen precio…

Continuamos hacia Chivay y cuando estábamos a punto de llegar al Mirador de Patapamba que es el punto más alto del trayecto desde Arequipa a casi 5.000 metros, la furgoneta se estropeó a un kilómetro escaso de este mirador y nos dejó tirados a más de 4.000 metros y casi sin cobertura de móvil. Menos mal que el guía enseguida solucionó el problema parando a un par de los autobuses de línea que nos  dejaron en la estación de autobuses de Chivay con maletas y todo. Debido a este percance, nos quedamos sin visitar el mirador.

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El mal de altura o soroche

Habíamos leído bastante sobre el tema y éramos bastante escépticos en cuanto a sus efectos porque pensábamos que era más psicológico que físico, aunque había que seguir ciertas pautas para evitarlo. La verdad es que no nos costó mucho seguir esta pautas, y así procuramos, tal como nos dijeron allí, beber cuando no se tiene sed, comer cuando no se tiene hambre  y dormir cuando no se tiene sueño; es decir mantenerse hidratados y descansados, junto con el moverse despacio y no hacer grandes esfuerzo los primeros días. No beber alcohol tampoco viene mal. La verdad es que, aparte de un par de dolores de cabeza, y un bajonazo  en el Titicaca, que se solucionó descansando un rato, lo pasamos bastante bien. Aunque si nos afectó algo. En las farmacias peruanas venden unas pastillas “soroche pills” para contrarrestarlo. Aparte  están los caramelos de coca o el mate de coca, que hay que tomar sin azúcar.

Una vez superada nuestra pequeña aventura,  llegamos a Chivay, a 3.600 metros de altura, y nos retiramos a intentar descansar a nuestro “hotel” que se llamaba “Las Maravillas del Colca” y que nosotros rebautizamos como “Los Horrores del Colca”, el peor de los que estuvimos en Perú, un sitio horroroso. Cuando llegamos hacía más calor en la calle que dentro del “hotel” que parecía un iglú polvoriento. Los dueños desagradables. A la noche, además de pasar un frío horrible no pegamos ojo en casi toda la noche ya que había un grupo de jóvenes de juerga y se oía absolutamente todo. Os recomendamos que si contratáis este tipo de tour, comprobéis la calidad del hotel, porque aunque os digan que es de “rango medio” os podéis encontrar como una desagradable sorpresa como ésta.

Tras el intento de descanso, a la tarde fuimos a las Termas naturales de “La Calera” que están como a unos tres kilómetros. Se puede ir en taxi (que cuesta unos 4 ó 5 soles) o en “colectivo” que sale del pueblo cuando hay pasajeros suficientes. En los tours suelen estar incluido el transporte hasta allí.

Son unas termas de agua de olor a azufre en las que nos dimos un bañito muy placentero a pesar de que en el exterior ya hacía bastante frío, pero nos gustó mucho. Las aguas son medicinales y sobrepasan los 40 grados, siendo buenas para las enfermedades de la piel.

El lugar ofrece casilleros para guardar la ropa, cabinas para cambiarse, alquiler de toallas y bañadores y bar junto a las piscinas (para tomarse algo sin dejar de remojarse)

Las termas son baratas y su equipamiento es bastante básico, el estado de las duchas y vestuarios es un poco precario. Nosotros fuimos a las descubiertas, pero también hay cubiertas para cuando el frío aprieta demasiado. Las vistas desde las descubiertas son soberbias. Eso sí, después es recomendable ducharte en el hotel para quitarse el olor, siempre que no te alojes en “Los Horrores de Colca”.

A la noche fuimos a cenar a un restaurante que nos propusieron en el tour porque habíamos conocido a una pareja de Madrid y optamos por ir con ellos a sabiendas de que iba a ser un poco turístico. Efectivamente la cena fue mala, el servicio lentísimo, pero nos amenizaron e hicieron participar en el espectáculo folclórico que ofrecían e hicimos unas risas.

El segundo día, tras una noche en la que arramplamos con todo lo que teníamos para calentarnos, ya que ese gran invento que se llama calefacción, no había llegado todavía a nuestro hotel, desayunamos y salimos a las 6 de la mañana hacia Yanque.

En Yanque vivimos una situación un poco surrealista, porque a esa hora tan intempestiva había un montón de gente bailando en la plaza del pueblo, otro montón con alpacas y águilas para fotografiarse con ellas y unos cuantos puestecillos de recuerdos, por lo que o eran muy madrugadores o bien estaban a la caza del turista, ¡qué cosas consigue el turismo!

 

Yanque es un pueblito pequeño, que es la opción a los que prefieren estar más tranquilos que en Chivay. Los tours que viene de Arequipa dan la opción de dormir en cualquiera de las dos localidades. Nosotros cuando estuvimos en Chivay su plaza estaba de obras, por lo que no había mucho ambiente, así que nos pareció especialmente bulliciosa. A pesar de lo que os hemos contado de los madrugadores danzantes, Yanque tenía buena pinta, con unas vistas preciosas y también tiene aguas termales. Estuvimos un ratito, y aunque le dijimos a nuestro guía, que nos interesaba mas marchar hacia el mirador del cóndor, nos dijo que hasta las ocho no salían los cóndores ¿ficharan la entrada como en las oficinas?

Con con el madrugón que nos habíamos dado teníamos tiempo, paramos en Achoma –que tiene una iglesia del siglo XVI a cuyo alrededor había también puestecillos de recuerdos y ahí Maite se compró un colgante muy chulo.

Así que tras el no muy útil madrugón intempestivo –cosas de los Tours- llegamos al Cañón del Colca. A la entrada del mismo hay que pagar la entrada para la que hay tres precios distintos, dependiendo si eres natural de Perú, de algún país sudamericano o de otras naciones.

Cuando llegamos al mirador, buscamos un hueco entre la multitud para poder observar a los cóndores volar y a las 8 a.m. en punto, como si hubieran fichado la entrada a la oficina, empezaron a salir cóndores. Vimos por lo menos una docena, ya que en esta época (mes de junio) aparecen, puede que si vas en otras no veas ni uno. Sobre las 10 de la mañana dejaron de salir.

A nosotros nos pareció que estaba excesivamente masificado si vas únicamente a ver el vuelo de los cóndores de 8 a 10 de la mañana. Si vas a hacer trekking u otro tipo de actividad deportiva no lo estará. Por lo demás el cañón está bien, Si vas bien de tiempo en tu viaje merece la pena pasar dos días viendo el ave sagrada de los quechuas, si no tienes mucho tiempo se puede pasar sin ello.

 

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CONDOR HEMBRA EN EL CAÑON DEL COLCA

De vuelta a Chivay y tras recoger las maletas del hotel, tomamos el autobús rumbo a Puno. Como pasábamos otra vez por el Mirador de Patapamba  a casi 5.000 metros de altura esta vez pudimos parar y contemplar varios volcanes como el Hualcahualca, Sabancalla y Ampato. Hicimos otra parada en  la laguna Lagunillas y tras un viaje de cinco horas llegamos a la Plaza de Armas de Puno.

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