BOLONIA – FIN DE SEMANA

 

Primer día: 23 de marzo

Aprovechamos que Alex estaba de Erasmus en Bolonia para visitarle y pasar un fin de semana largo por esa zona, el último de mazo de 2017. Volamos desde Bilbao, vía Barcelona, hasta Bolonia.

Bolonia es conocida entre otras cosas por su universidad y por la gran cantidad de estudiantes italianos y extranjeros que estudian a la misma, tiene uno de los cascos medievales más grandes de Europa y es allí donde nos alojamos, concretamente en la Strada Maggiore.

Para  ir desde el aeropuerto a la ciudad hay varias opciones:

Un autobús (Aerobus TPER) que parte cada 10 minutos desde el aeropuerto y tarda de 25 a 30 minutos, siendo la última parada la de  la estación central, que está justo en el límite del casco medieval, cuesta 6 euros el billete. A nosotros nos quedaba un poco lejos (unos 20 minutos andando desde la estación central a la Strada Maggiore). Tiene página web: http://aerobus.bo.it/es

Taxi. Nosotros optamos por esta opción. En la parada hay un cartel en el que se informa que el trayecto hasta Bolonia cuesta de 17 a 18 euros, que fue lo que, efectivamente, nos costó a nosotros. Como íbamos dos, nos salió un poco más caro que el autobús, pero mucho más cómodo.

Bolonia, que tuvo una gran importancia cultural y comercial a partir del siglo XIV, y como buena ciudad medieval está rodeada de leyendas y mitos. Así que, tras hacer el “check in” y como disponíamos de “guía turístico”, Alex nos llevó en volandas a conocer los “Siete Secretos de Bolonia”: desde descubrir porque está la cara del diablo tallada en un edificio de la ciudad hasta encontrar el único canal superviviente de entre los que en un día hicieron que a Bolonia se le conociera como la “picola Venezia”.  El buscar estos secretos es una buena forma de ponerte en contacto con su casco medieval, nosotros no podemos decir cuáles son los secretos, porque los secretos son eso, secretos (je, je).

 

Este centro medieval se caracteriza por el gran número de soportales que tienen los edificios. Los soportales nacieron de la necesidad de ampliar los pisos superiores de estos edificios respetando la anchura de la calle. Junto a los soportales y dentro del montón de edificios y rincones a visitar en Bolonia nos gustaron especialmente sus famosas “Due Torri”, una de ellas con un grado de inclinación mayor al de la torre de Pisa; Desde la torre de los Asinelli se puede ver una de las mejores vistas de Bolonia  (3 euros y un montón de escaleras).  Las torres están situadas entre la Strada Maggiore y Strada Vitale en la plaza di Porta Ravegnana. Además de las torres nos encantó la Plaza de San Estefano –podéis encontrar la plaza cogiendo la estrada de San Stefano desde Due Torri-  un lugar precioso que irradia tranquilidad,  donde poder hacer un descanso y tomar algo tranquilamente. En la plaza se encuentra la Basílica de San Stefano (entrada gratuita), también conocida como “Le sette chiese” (las siete iglesias) porque antiguamente se componía de siete iglesias conectadas entre sí, aunque hoy en día solo quedan cuatro. Se cree que empezó a construirse en el siglo V, aunque luego fue destruida y reconstruida. Merece la pena su visita.

 Aparte de esto hay otros muchos sitios de interés: Piaza Maggiore, Basílica de San Petronio (dentro se encuentra uno de los secretos) Fuente de Neptuno (hoy en día está en restauración, rodeada de andamios), Palacio Comunal…

 

Comer y dormir en Bolonia

El centro amurallado de Bolonia es caro, tanto para pernoctar como para comer. Es donde se encuentra ubicada la Universidad y los pisos de muchos estudiantes “erasmus” por lo que el negocio de la gente del lugar es el alquiler de pisos y la hostelería. Si salís de esa zona se abarata bastante, pero el problema es el desplazamiento porque andando las distancias son largas.

A modo de ejemplo, nosotros el primer día comimos en Il Cucchiato D´Oro (Via Petroni 4), que es un bar-restaurante de aspecto cutre-estudiantil que no cierra al mediodía. Comimos 2 lasañas (un de ellas con “ragú” típico de Bolonia, lo que nosotros conocemos como “pasta boloñesa”), 1 plato de tortelini y 3 cervezas, pagando 34 euros. La cerveza estaba de oferta (3 por 10 euros).

Para dormir elegimos un apartamento: Casa Dondini –Strada Maggiore 58- . Estaba bien situado en la zona amurallada y bien puesto con posibilidad de usar la cocina. La única pega es que estaba mal aislado acústicamente y se oía toda la “juerga” del apartamento de al lado como si estuviéramos nosotros de fiesta también. Pagamos 195 euros por tres noches y no era muy caro en comparación con los de los alrededores. Fuera de la muralla, podéis encontrar sitios más asequibles.

Segundo día: 24 de marzo

El segundo día, acompañamos de nuestro “cicerone” decidimos visitar Ferrara y Vicenza, para ello nos dirigimos a la Estación Central de Bolonia a unos 20 minutos andando desde nuestra Strata Maggiore

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Moverse por Italia en Tren

Las ciudades de esta región  (Emilia-Romaña) como la vecina del Véneto está muy bien comunicadas por tren. Os pongo ejemplos de duración y precio de alguno de los viajes que hicimos nosotros:

  • Bolonia – Ferrara: 5 euros – 30 minutos
  • Ferrara – Vicenza: 8,20 euros – 1 hora 23 minutos.
  • Vicenza – Bolonia: 12,50 euros – 2 horas.
  • Bolonia – Verona: 10,30 euros – 1 hora 22 minutos.

Los billetes se pueden adquirir en la estación (luego hay que validarlos y solo sirven para un tiempo determinado) o por la App “Trenitalia” (se compra para un tren concreto y te puedes montar directamente sin pasar por taquilla ni validar). Si se usa la App hay que fijarse en el número del tren en las pantallas que hay en la estación ya que, como he dicho, solo vale para un tren en concreto y puede que tu compres el billete a Ferrara, por ejemplo, y el destino del mismo sea Venecia, por lo que fijarse en el número del tren es importante. Con la App, Alex sacaba el billete según íbamos andando hacia la estación!!!! Juventud divino tesoro.

Hay diferentes tipos de trenes (regionales, rápidos, etc…) hay que fijarse en duración del viaje y precio del mismo para poder, así, elegir la mejor opción.

Bolonia puede ser un gran sitio para conocer el norte de Italia, por ejemplo para ir a la mítica ciudad de Florencia se tarda menos de una hora y se puede conseguir un billete de ida y vuelta desde 13 euros.

Total, que en un viaje cortito y muy agradable en tren, llegamos a Ferrara. Tiene unos 140.000 habitantes. El centro histórico de Ferrara fue reconocido como Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1995 y se encuentra a unos 15 minutos andando desde la estación. Para una mañana, que pensamos pasar en Ferrara, optamos por dar un paseo visitando sus murallas, la Piazza Trente e Trieste, la catedral o el Palazzo Municipale. Desde la Piazza Savonarola, donde se encuentra una intimidante estatua del fraile reformador Girolamo Savonarola (1452-1498) que hace justicia a la terrible personalidad de este dominico, llegamos al imponente Castello Estense, al habíamos decidido prestarle más atención y visitarlo por dentro (8 euros la entrada – 6 con carnet de estudiante). Este castillo comenzó a construirse en 1385 por deseo del Marqués Nicoló II de Este. Un amplio foso rodea a la fortaleza, cuyos accesos están protegidos por distintos puentes levadizos. Desde finales del siglo XV la fortaleza comenzó a transformarse en una residencia que acogía los apartamentos de los duques. El castillo se llenó de pinturas, tapices, códices minados, monedas y armas, y cuando la Casa de Este dejó Ferrara en 1598 devolviendo el ducado a los estados gobernados por la Iglesia, se produjo la dispersión de este rico patrimonio (¡Que raro!), localizándose actualmente en San Petersburgo, París, Washington, Dresde, Londres o Viena. Nos gustó mucho la visita y dimos por bueno el precio pagado.

 

Dimos por acabada la mañana y fuimos a reponer fuerza y decidimos probar un plato típico de la Región de Emilia-Romana: La Piadina

La Piadina es un plato típico de esta región que consiste en un pan plano de harina de trigo, que se suele presentar doblada por el medio y rellena bien de salchicha, verduras, queso o lo que se os ocurra. En el pasado solía ser el plato de los pobres, hoy es un manjar de la categoría de los “bokatas” elaborados o en el País Vasco el “talo” con chorizo o morcilla (vamos de ese estilo)

Nosotros tomamos la nuestra en “Mordicchio la Piadina” en la Piazza Sacrati y aunque fueron exquisitas y teníamos hambre del “turisteo” de la mañana, no pudimos acabar con ellas. Pagamos 7 euros por persona (piadina y botella de agua)

A la tarde nos dirigimos hacia Vicenza, que está en la región del Véneto. Es una ciudad de unos 120.000 habitantes, que es conocida como la ciudad del prolífico arquitecto Palladio. Palladio fue un arquitecto (1508-1580) que trabajó fundamentalmente en Vicenza, donde hay numerosas muestras de su trabajo, como el teatro olímpico, la basílica Palladiana en la plaza o el Palacio Valmarana. Desarrolló un estilo de arquitectura clásico, alejado de la arquitectura imperante en su época, priorizando más las proporciones matemáticas que la ornamentación. Siglos después, inspirado en su obra se desarrolló el “Paladianismo” y “Neopaladianismo”, siendo un edificio representativo de su vertiente norteamericana la “Casa Blanca” donde reside el presidente de EEUU.

 

Vicenza es una ciudad muy tranquila, donde merece la  pena dar un paseo, admirar sus edificios y tomar algo en una terraza. La Piazza  del Signori es una maravilla, destacando en ella, aparte de la basílica Palladiana, la torre Bissara, cuya construcción empezó en 1174 y con su altura de 82 metros atrae la vista sin poder dejar de hacer fotografías constantemente.

De vuelta a Bolonia, llegamos muertos  debido a las caminatas del día, así que, aunque había un ambiente nocturno muy atrayente (era la época de las licenciaturas universitarias y había muchos grupos celebrándolas -fiestas áureas-), decidimos irnos a la cama.

Tercer día: 25 de marzo

Nuestro tercer día lo íbamos a dedicar enteramente a Verona. Alex llegó un poco tarde –naturalmente él no se fue a la cama con el ambiente que había- y corriendo, mientras sacábamos los billetes por la App, llegamos a la estación y a las 10 nos montamos en el tren hacia Verona.

Verona también está declarada como “Patrimonio Mundial de la Humanidad” por la UNESCO, destacando sus edificios medievales y renacentistas. En la Segunda Guerra Mundial resultó bastante dañada y sus puentes, por ejemplo, se tuvieron que reconstruir, entre ellos el famoso puente romano.

Nos acercamos –tras un paseo de unos 20 minutos desde la estación- a la Piazza delle Erbe o plaza de las hierbas,  donde se encuentra la “Madonna Veronesse”, la estatua que data de la época romana. Es un antiguo foro romano y en la misma se encuentra un animado mercado por las mañanas. También se encuentra en la misma la torre Lamberti, el mirador de Verona, donde, previo pago, se pueden ver unas magníficas vistas de Verona.

Verona tiene muchas, muchas cosas que ver, el Arena, que es uno de los anfiteatros más importantes de la era romana y el mayor tras el Coliseo de Roma, debido a su impresionante acústica hoy en día se celebran conciertos y representaciones de ópera en el mismo. Además están la Torre de Lamberti, el Duomo,  pasear o comprar por la calle Manzini, la Plaza de los Signori y …… la casa de Julieta (en  la calle Cappello, a la derecha desde la calle Manzzini): Según la tradición aquí vivían los Capuleto, la familia de Julieta,  y Verona es mundialmente famosa por ello. William Shakespeare escribió la historia de Romeo y Julieta, y por ello es considerada la ciudad más romántica de Italia. Así que, a la casa le han añadido un balcón y ¡a facturar!, por unos módicos eurillos puedes sacarte una foto en el “genuino” balcón de Julieta. En principio la historia se localizaba en Siena, pero posteriormente fue trasladada a Verona.

 

Tras un almuerzo –del que es mejor olvidarse- en “Osteria  A la Carega” donde comimos una de las peores ensaladas de nuestra vida, nos resarcimos con un helado y llegamos dando un paseo hasta la zona de Castelvechio, donde está el museo-castillo y el puente del mismo nombre, con unas magníficas vistas al río Adigio. En principio fue una fortaleza defensiva, aunque luego fue prisión y cuartel, construido entre 1354 y 1356. En la Segunda Guerra Mundial el puente se destruyó con la retirada alemana, pero fue reconstruido para 1951. El puente es de ladrillo rojo en la parte superior y de mármol blanco en la inferior.

Tras sacar las fotos de rigor nos dirigimos de nuevo a la estación de tren de Porta Nuova (hay otra estación en Verona –Porta Vescovo-) y volvimos a Bolonia.

En Bolonia, tras un merecido descanso, nos fuimos a cenar, esta vez sí, al restaurante Parlor. Alex, tras un montón de meses de Erasmus, necesitaba comer algo rico. Este restaurante está en el Casco Medieval en la Vía Cartolería y estuvo bastante bien en cuanto a la relación calidad-precio, aunque el servicio fue bastante lento. Pedimos un plato para compartir como entremés y uno por cabeza de segundo (pólipo alla griglia, fileto de scottona y bocconi di tonno) y un postre, regado con vino de la región (Emilia Romana) que fue un poco “espesante”, si vais pedid mejor Chianti o un vino conocido. Nos salió 80 euros los tres.  Por lo demás pasamos un rato agradable y tras una vuelta para volver a disfrutar de Bolonia a la noche, nos retiramos a descansar tras un día muy intenso.

Cuarto día: 26 de marzo

A la mañana siguiente no teníamos mucho tiempo porque al mediodía salíamos hacia el aeropuerto, así que optamos por un plan tranquilo. Tras hacer las maletas, último paseo por Bolonia y quedamos más tarde para tomar el típico aperitivo italiano: el Aperol en el “Giardini Marguerita”, que se encuentran justo, justo fuera de la muralla del casco medieval, al final de la vía de San Estefano, dirección sur. El “giardini” es un parque muy agradable con un estanque en medio donde los boloñeses se relajan y hacen deporte. Junto al estanque hay un bar donde, sentados en la terraza al sol, disfrutamos de nuestro Aperol.

 

Después nos acercamos a comer prontito a casa de Alex –unas pizzas en plan “Erasmus”- y nos dirigimos al aeropuerto. ¡De vuelta  a la rutina!

El aeropuerto de Bolonia (“Guglielmo Marconi” en honor al ingeniero de Bolonia galardonado con el premio Nobel) es uno de los aeropuertos intercontinentales de Italia. En este aeropuerto operan las líneas aéreas TAP, Ryanair, Vueling , Meridiana y Transavia y es una buena base para viajar a Ravena. Tiene una  sóla terminal que opera las 24 horas. Su página web es: www.bologna-airport.it

 

 

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